La vida en la Huerta
La vida en la Huerta de Murcia se reflejaba al hilo de la vida… en los objetos, las viviendas y las costumbres cotidianas, mostrando claras diferencias entre las clases humildes y las más acomodadas. El ajuar, preparado por las mujeres para el matrimonio, simbolizaba el estatus familiar e incluía muebles, ropa y utensilios básicos. Las casas huertanas eran sencillas y funcionales, pensadas para aprovechar al máximo los recursos, en una sociedad donde reparar, reutilizar y no desperdiciar era fundamental.
Las condiciones de vida eran duras, con escasos recursos sanitarios y enfermedades frecuentes, atendidas por boticas, practicantes y medicina popular. La religiosidad marcaba el día a día con rituales, devociones y celebraciones colectivas, mientras que la música, los juegos tradicionales y las fiestas reforzaban los lazos comunitarios. Comercios, mercados y vendedores ambulantes conectaban la huerta con el exterior, y la movilidad se realizaba mediante animales, carros y, más tarde, tranvías. Todo este conjunto define una forma de vida basada en el esfuerzo, la convivencia y el aprovechamiento de los recursos, esencia de la identidad huertana.

El lebrillo es un recipiente grande y ancho, normalmente de barro o cerámica vidriada, que se usaba en la vida cotidiana para lavar la ropa, preparar y mezclar alimentos, aseo personal y para tareas domésticas o del campo.
La jarra de la novia es una pieza tradicional de cerámica decorativa que se relaciona con las bodas tradicionales. Era un regalo que el novio hacía a la novia o a la familia de la novia como símbolo de amor, prosperidad y compromiso.
